viernes, 24 de junio de 2022

CÓMO EJERCITAR LOS CINCO SENTIDOS EN CLASE

 CÓMO EJERCITAR LOS CINCO SENTIDOS EN CLASE

Cuanto más atento estés, mejor entenderás las explicaciones del profesor y más fácilmente las aprenderás. Porque quien no se molesta en atender, se aburre la tira y, además, en casa tiene que entender las cosas él solo, sin ayuda de nadie. El profesor no es el <<coco>>; no está ahí para amargarle la vida al alumno, sino para ayudarle a entender lo que más le cuesta, preparar actividades que le faciliten la labor y, así, lograr un aprendizaje compresivo y gradual. El profesor no es tu enemigo.

Es tu mejor aliado.

De los cinco sentidos que hay que poner en funcionamiento (si quieres estar completamente <<al loro>> en clase), el primero y principal es:

LA VISTA

Quien no ve bien es muy fácil que se distraiga y no se entere de nada. Por eso, del mismo modo que cuando realmente te interesa una película procuras ponerte en el mejor sitio para verla bien, si realmente pretendes sacarle un buen partido al profesor y a la pizarra, es fundamental que te coloques es un lugar apropiado desde el que no tengas que esforzarte para ver <<el emocionante espectáculo>> del profesor explicando la lección.

Lógicamente, cuanto más al fondo de la clase te pongas, más cabezas tendrás delante interfiriendo entre tus ojos y el profesor o la pizarra, y más veces tendrás que estar <<asomándote>> entre las cabezas para enterarte de lo que está pasando.

Cuando yo era alumno de bachillerato, tenía la obsesión de ponerme siempre al final de la clase, pensando ingenuamente que allí pasaba más desapercibido y que el profesor me vería menos y podría copiar mejor todo eso...  Cuando llegué a ser profesor y di mi primera clase, descubrí sorprendido que, si estás de pie (o en la clase hay tarima), ves perfectamente a todo el mundo, esté donde esté. Y, aunque no quieras fijarte, notas cualquier movimiento por parte de los alumnos (sobre todo de los que ocupan las últimas filas, que es en los que más te fijas), ya que, estando treinta o cuarenta narices enfiladas hacia ti, si de repente una se gira hacia un lado… ¡salta a la vista!

Lo normal es que un profesor no interrumpa las explicaciones cada vez que ve a dos hablando, riéndose a escondidas o agachándose para intercambiar papelillos por debajo de la mesa, pues si no, no podría dar clase. Pero eso no significa que no se esté enterando de casi todo lo que pasa en el aula (y tomando nota mentalmente, que es lo malo…). Esto no beneficia en absoluto al alumno que se coloca al final para hacer un poco <<el indio>>, pensando (el muy ingenuo) que el profesor es miope y no se entera.

Sin embargo, es peor aún cuando el profesor se siente cansado de estar todo el día de pie y decide sentarse.

Cuando en el aula no hay tarima y el profesor se sienta, los alumnos del fondo se quedan sin enterarse de nada---- desde que se <<democratizó>> la enseñanza, las tarimas fueron desterradas al sótano de los institutos, con tal entusiasmo que ahora es rarísimo encontrar algún centro donde se usen----, ya que deja inmediatamente de ver a los alumnos de más allá de la tercera fila y, lo que es peor, éstos dejan de verle a él.

Entonces sí que se nota la diferencia entre estar bien o mal situado en el aula, sobre todo cuando estás al final y decides de pronto que lo que el profesor está explicando es interesante y merece la pena.

Lo mismo pasa cuando el profesor va llenando la pizarra y se ve obligado a escribir en la parte de abajo. Los alumnos del final de la clase tienen que adoptar la incómoda postura de estirar el cuello todo lo que pueden, o incorporarse a medias para ver por encima de las cabezas de sus compañeros, a la vez yendo… ¡Eso sí que es difícil! (no es de extrañar que, al terminar la clase, estén tan agotados que parece que les han dado una paliza).

¿Por qué tantos alumnos se empeñan en hacer las cosas difíciles? Si realmente nos importa el resultado de nuestro esfuerzo, ¿no sería más conveniente olvidarnos del <<más difícil todavía>> y procurar lograr nuestro objetivo cuanto más fácilmente mejor? ¿No sería, en todo caso, más lógico que los alumnos <<se peleen>> por ocupar los primeros puestos y no los últimos?

Además, existen cada vez más alumnos y alumnas que se van quedando un poco miopes y no quieren reconocerlo. Lo mejor es que nadie se quede ciego en dos días, sino que las dificultades visuales vayan creciendo paulatinamente. Por eso, muchos alumnos que son capaces de ver al profesor escribiendo en la pizarra, y reconocen <<casi>> todas las letras, sin embargo, no llegan a distinguir correctamente algunas de ellas. Y esto hace que tomen mal sus apuntes (sobre todo en sus matemáticas, física, lógica, contabilidad y otras materias que emplean continuamente símbolos muy precisos). Al darse cuenta de que se equivocan con mucha frecuencia, en vez de reconocerlo y ponerse gafas, prefieren disimular (por eso de la estética) y resignarse a copiar de los apuntes del compañero y no de la pizarra, con lo que es mucho más fácil equivocarse y, encima, provocar la mala imagen que el profesor se va haciendo de ellos, por <<sospechar>> que no le están haciendo ni <<repajolero>> caso…

En resumen: como no da igual, ni mucho menos, el lugar que ocupemos en la clase, lo primero que hemos de procurar, si queremos sacarle todo su jugo a las horas que estamos encerrados dentro del aula, es colocarnos en la mejor posición posible.

Ni al final, ni en las esquinas delanteras.

Los que se sitúan al final tienen muchas veces serios problemas para ver al profesor y leer la parte de debajo de la pizarra. Y los que se ponen delante, pero en las esquinas, ven al profesor mucho mejor, pero muy mal la pizarra, por los reflejos de la luz de las ventanas y por impedírselo el propio profesor, que suele situarse a un lado mientras escribe o explica lo que va poniendo

EL OÍDO

Tan importante como ver el espectáculo en oírlo; y oírlo con claridad y precisión.

Ya es difícil entender lo que el profesor <<explica>>, extraer lo esencial, reducirlo a pocas palabras y escribirlo en los apuntes (y todo a la vez), como para, además, tener que hacer esfuerzos adicionales para <<imaginarnos>> qué es lo que realmente está diciendo…

Si nos falla el primer paso, y no oímos con claridad, es imposible continuar dando los siguientes pasos y, en consecuencia, nuestros apuntes estarán llenos de errores e ideas a medias…

para lograr una buena audición, también es fundamental colocarse en buena posición para evitar en la medida de nuestras posibilidades todo tipo de interferencias acústicas.

Quien, al principio del curso, se pelea por ponerse al final de la clase, está <<cavando su propia tumba>>. Cuantos más metros ponga entre sus oídos y la boca del profesor, más <<ruidillos>> deteriorarán su audición, y más tendrá que esforzarse. Como las aulas no reúnen, normalmente, las condiciones de una sala de conciertos, y los profesores no tienen precisamente la voz de Plácido Domingo (sino, después de tres o cuatro clases seguidas, más bien la de un agónico lunes), es lógico que los alumnos del fondo no oigan casi nada con claridad, y se vean obligados a interrumpir continuamente con la sonatilla esa de: << ¿Puede repetir por favor?>>.

Es posible que el profesor en cuestión se compadezca de los pobres alumnos de la última fila y <<se digne>> alzar la voz; pero es mucho más probable que piense que la culpa no es suya, así que, o le das un micrófono o se compran una trompetilla…

Al final, cuando los alumnos se cansan de esforzarse por escuchar lo que dice (cosa que pasa muy pronto) Y de pedir a sus compañeros que no hagan ruido, acaban por <<desconectar>> y dedicarse a otros menesteres. Por este motivo tan tonto, simplemente por estar mal situados y no oír bien, Renuncian a su derecho de tener un profesor que les explique las cosas, y a partir de este momento tienen que aprendérselo todo por su cuenta. Lo cual es bastante más difícil de lo que parece.

En resumen: si de verdad quieres sacarle todo el jugo al profesor, tienes que sentarte lo suficientemente cerca para no perderte nada de lo que diga.

Debes poner especial atención a esos <<avisos>> que suele dar al final, cuando ya ha sonado el timbre y todo el mundo se pone a hablar. Avisos que, con el barullo, sólo entienden los alumnos de las primeras filas y que, a veces, son fundamentales, de modo que no enterarse puede resultar fatal.

Pero no basta con poner la vista y el oído en funcionamiento para sacarle el máximo partido a las clases. Todavía nos quedan otros tres sentidos que hay que explotar al máximo, si queremos esforzarnos menos y aprender más.

EL OLFATO

No se trata de olerle los pies al profesor cuando se sienta en su mesa (para lo cual sería, en todo caso, fundamental ponerse bien lejos). El olfato es el sentido más importante para los detectives e investigadores (no hay más que fijarse en las enormes narices que suelen tener), pues sólo quien sabe <<olfatear>> es capaz de detectar lo verdaderamente importante y significativo. Cuestión vital en el aprendizaje.

una vez que el alumno ha visto lo que el profesor pone en la pizarra, y ha oído claramente las explicaciones que va dando, es fundamental dar un tercer paso: << enterarse>> es lo que realmente está diciendo.

 Aquí se nota la diferencia entre los alumnos más o menos <<aplicados>> y los que, además, son <<avispados>>.

Los primeros se contentan con prestar mucha atención e ir apuntando en su cuaderno todo lo que el profesor dice; lo entiendan o no.

Los segundos, mientras ven o escuchan lo que va pasando en clase, intentan <<entenderlo>> con la mayor claridad posible. De este modo, es el profesor quien es el esfuerzo principal, y ellos aprovechan la clase para aprender, no sólo para tomar nota (como los ciclistas que van <<chupando rueda>> para cansarse menos…) Después de las clases, cuando estudien en casa, no tendrán que romperse la cabeza intentando descubrir por que el profesor puso lo que puso en la pizarra, o resolvió el problema de este o de aquel modo concreto… Su labor será únicamente <<recordar>> lo que en clase ya entendieron.

SI APRENDES A <<OLFATEAR>>, SERÁS CAPAZ DE DESCUBRIR, DE ENTRE TODO LO QUE EL PROFESOR VA DICIENDO, QUÉ ES LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE (Y, POR TANTO, CAERÁ EN EL EXAMEN).

Quién consiga hacer esa discusión vital, el esfuerzo que necesitará para aprobar será mínimo.

Pero quien no se <<huela>> qué es lo importante, y lo que confunda con lo secundario y anecdótico, estará perdiendo el tiempo, pues si quiere aprobar, ¡tendrá que aprendérselo todo! Normalmente no dispondrá de tiempo y, lógicamente, suspenderá.

El fato es lo esencial para el buen aprovechamiento de las clases. Al principio no parece difícil, pero se aprende rápidamente con un poco de práctica.  Es como quien sale del campo a coger setas. Al empezar, me cuesta muchísimo encontrar las y las confunde fácilmente con otras que no son buenas; sin embargo, cuando se pone a la faena con interés, cada vez las ve con más facilidad, y al primer vistazo sabes si son o no las que está buscando.

Todos los profesores tenemos la manía de repetir las cosas, tanto más cuanto mayor nos parece su importancia (y nos gusta que los alumnos las pongan en el examen…). De tal modo que, incluso, se nos escapan expresiones como: << ¡Ojo, que esto es muy importante!>> O <<¡Esto subrayarlo bien!>>…, expresiones que una nariz bien afilada capta enseguida y lo señala en sus apuntes para que no se le olvide estudiarlo a conciencia. Así, los buenos olfateadores pueden casi adivinar qué va a caer en el examen, con muchas posibilidades de éxito.

¿Qué más quieres?

EL GUSTO

El gusto es el cuarto sentido que tienes que poner en funcionamiento en clase, porque solamente atiende uno a lo que <<le gusta>>.

Esto no hace falta que lo diga ningún experto en la materia. Todo el mundo sabe que << aprender>> empieza por <<atender>>, y solamente atendemos a lo que nos interesa. El que comienza la clase pensando: << ¡Vaya rollo que nos va a meter hoy, menuda pérdida de tiempo, con la de cosas interesantes que podría estar haciendo yo ahora…!>>, tiene todos los boletos para que le toque el premio de salir de clase cómo entró: sin enterarse de nada.

No todas las cosas buenas nos agradan al principio. Y eso no quiere decir que no tengan interés o utilidad alguna. Es cuestión de saber encontrársela.

Con el poco tiempo de que disponemos, y tantas materias que es fundamental aprender, es imposible que las pocas asignaturas que tenemos cada año sean inútiles y carentes de interés. Otra cosa es que el profesor que las imparte sepa plantear las de forma interesante, o que los libros de texto que se emplean en clase sean realmente atractivos.

La prueba está en que, a veces, una asignatura que año tras año hemos aprendido a aborrecer, llega un profesor nuevo que << se enrolla bien>>, y nos demuestra lo muy interesante que es. Entonces, va y << milagrosamente>> nos empieza a gustar

Pues bien, si consigues que te guste lo que el profesor está explicando, porque eres capaz de encontrarle una faceta útil o interesante para tu vida, seguro que te lo aprendes directamente en clase, sin necesidad de <<empollártelo>> trabajosamente al llegar a casa. Lo mismo que, si vas al cine a ver una película que te gusta, no tienes que esforzarte mucho por atender, ni de necesitas estudiártela al salir.

Cómo te interesa, atiendes sin distraerte, lo pasas bien y encima, mientras la ves, se te quedan grabados directamente hasta los más mínimos detalles.

En resumen, como a mí solo me gusta aquello en lo que me esfuerzo por encontrarle una utilidad, emoción o interés práctico, me imagino que a ti te pasará lo mismo. Y todas las asignaturas (por plomazo que parezcan algunas) tienen algo de eso. Es cuestión de encontrarlo. Sin embargo, el tomárselas a disgusto y a la tremenda es lo mejor que puedes hacer para sufrir estudiándolas y para tener que dedicarles mucho más tiempo y esfuerzo del necesario

Es fundamental saber qué es lo realmente bueno y aprender a << degustarlo>> como un verdadero deleite.

El ser humano es curioso por naturaleza y disfruta aprendiendo cosas nuevas. Es una pena que haya tantos niños y niñas que, precisamente en el colegio, aborrecen todo lo que suponga << aprender>>. Si es tu caso, no te resignes, intenta sacarle el gusto a saber cosas nuevas y verás que puede resultar hasta apasionante.

Y, por último, el sentido más <<sutil>> de todos, el que, si no se aplica bien, puede echarlo todo a perder es:

EL TACTO

Tener tacto es << saber estar>> en clase, << representando>> brillantemente el papel de alumno aplicado.

Quien tiene <<tacto>> sabe estar bien sentado (no repantigado de cualquier manera…). Sabe preguntar en el momento oportuno y de modo correcto.

Sabe, por último, << ganarse>> con dignidad las simpatías del profesor (que es también quien pone la nota), sin tener que recurrir al humillante oficio de << hacerle la pelota>>.

Hay quien, por su modo desaliñado en el vestir, la postura que adopta en clase o la cara de asco infinito que normalmente luce mientras el profesor suelta sus discursitos (o cuenta un chiste malo), da la sensación de que es un vago, no se entera de nada y, encima, molesta a los compañeros con sus impertinencias.

Los hay también que no tienen el más mínimo tacto y, en su afán por hacerse notar a toda costa, preguntan siempre en el momento más inoportuno, interrumpiendo las explicaciones con una tontería o reteniendo al profesor y sus compañeros cuando ya ha terminado la clase, con una pregunta estúpida… Lo único que consiguen así es molestar al profesor y crearse una imagen de <<pesados>> o <<ladrillos>> que no los beneficia en absoluto, ni social ni académicamente.

Tener tacto es, por el contrario, saber hacer preguntas interesantes y bien formuladas, para que el profesor aclare nuestras dudas y las de nuestros compañeros (sin hacernos empezar a dudar de lo que ya parecía que teníamos claro…). Y, por supuesto, ser capaces de escuchar <<con cien ojos>> la <<sabia>> respuesta que nos dé el profesor, sin dedicarse a hablar con el de al lado, haciendo caso omiso a sus aclaraciones…

Puede que alguno piense que esto no tiene nada que ver con el aprendizaje y las técnicas de estudio, pero ¡no seamos ingenuos! El profesor es una persona, y no un ordenador frío e imparcial, por lo que, para bien o para mal, según va transcurriendo el curso, se va forjando una imagen más o menos agradable de cada alumno. Y una vez creada la fama, es muy difícil quitársela de encima (a veces salpica incluso a los hermanos que vienen detrás a estudiar en el mismo colegio…).

Si lo que quieres no es sólo aprender, sino también tener éxito académico (es decir, buenas notas), es fundamental que te crees una buena imagen ante tus profesores e, incluso, ante tus propios compañeros, que te pueden ayudar mucho si sabes <<caerles bien>>.

Ésta es la principal función del tacto. En clase es necesario hacer un poco de teatro y, lo mismo que el profesor <<actúa>> como si se lo supiera todo (cosa que, evidentemente, es falsa), el alumno <<espabilado>> tiene que parecer que se entera absolutamente de todo, que le interesa muchísimo la asignatura, que tiene muchas ganas de trabajar y colaborar con el buen desarrollo de las clases y que estudia todos los días a conciencia, nada más llegar a casa, aprendiéndose lo todo y preguntando al día siguiente las << inteligentísimas>>  cuestiones que se le han ocurrido…

Si, además, es verdad, pues mucho mejor. Lo malo es que uno sea un <<buen alumno>> y parezca lo contrario.

Si utilizas los cinco sentidos (y no sólo uno y medio, o dos), te aburrirás muchísimo menos y te integrarás más en la dinámica de la clase, aprendiéndolo casi todo directamente en el aula, y teniendo que dedicar muchas menos horas a estudiar por tu cuenta en casa.

Y, por si esto fuera poco, además le caerás mucho mejor al profesor, que, aunque a veces parece tonto, es lo suficientemente listo como para saber quién le atiende y quién no.


EN RESUMEN

 

Nadie nace sabiendo

·        La cultura es el conjunto de respuestas teóricas y prácticas que nos transmitimos, de generación en generación, para ayudarnos a sobrevivir y sacarle el máximo partido a la vida.

·        Todos nacemos incompletos y, a lo largo de la vida debemos ir perfeccionándonos progresivamente. A los profes les paga la sociedad para que enseñen a sus alumnos. Ellos explican unos contenidos, intentando desarrollar en sus alumnos unas actitudes intelectuales y evalúan el progreso de cada uno mediante exámenes.

·        El sistema actual tiene sus inconvenientes, pero lo más sensato es dedicar nuestros esfuerzos a  <<sacarle el jugo>> lo mejor posible. Porque quien sabe aprovecharse de lo que hay podrá sacar mucho mientras que quien lo soporta pasivamente no saca casi nada.

·        Es el alumno el que paga, y paga para que le enseñen; y el profesor es el que cobra, y cobra por enseñar (no por saber mucho…).  Ya que pagamos, tenemos el derecho de asistir a clase y sacarle todo el partido posible al profesor.

·        ¿Cómo le podemos sacar el jugo a sus explicaciones? Antes de la clase preparándonos para entender, y, en clase, ejercitando los cinco sentidos.

Cómo preparase para entender

·        Quien no vaya mínimamente preparado saldrá de las clases igual que entró, y habrá perdido miserablemente su tiempo

·        El rendimiento en cualquier actividad intelectual depende de tres factores: las características propias de la materia, la capacidad del sujeto y la actividad que desarrolle. Esta última tanto en el profesor como en el alumno, depende de la motivación que tenga cuando la hace.

·        Prepararte para entender supone enterarte desde el principio de qué pretende enseñar cada asignatura y, antes de ir a clase, repasar brevemente lo que ya se ha visto (para saber qué tiene que ver con lo de hoy) y llegar a clase puntual, con el material adecuado y dispuesto a participar <<activamente>> si vas bien preparado, tienes ya el 50% del éxito conseguido.

Los cinco sentidos

·        Si quieres aprovechar las clases <<a tope>> es fundamental que pongas en funcionamiento <<los cinco sentidos>>; pues el profesor no es tu enemigo, sino tu mejor aliado.

·        Si aprendes a utilizar en clase los cinco sentidos, te aburrirás muchísimo menos y te integrarás mucho más en la dinámica de la clase, aprendiéndolo casi todo directamente en el aula. Y, además, le caerás mucho mejor al profesor (que es quien te va a evaluar).

·        La vista: si queremos sacarle todo el jugo a las horas que estamos encerrados dentro del aula, hemos de procurar colocarnos en la mejor posición posible; ni al final, ni en las esquinas delanteras.

·        El oído: tan importante como ver el espectáculo, es oírlo con claridad y precisión para lograr una buena audición, también es fundamental colocarse en buena posición y así evitar en la medida de lo posible las interferencias acústicas.

Cuando los alumnos mal situados se cansan de esforzarse por escuchar, acaban por <<desconectar>>. Por este motivo tan tonto renuncian a su derecho a que les expliquen las cosas. Y, a partir de este momento, tendrán que aprendérselo todo por su cuenta.

·        El olfato: sólo quien sabe <<olfatear>> es capaz de detectar lo verdaderamente importante y significativo. Cuestión vital en el aprendizaje (y en los exámenes…). Una vez que el alumno ha visto lo que el profesor pone en la pizarra y ha oído las explicaciones que va dando, es fundamental dar un tercer paso: <<enterarse>> de qué es lo que realmente está diciendo.

·        El gusto: a <<aprenderse>> se empieza por atender y solamente atendemos a lo que nos interesa, es decir, nos <<gusta>>. No todas las cosas buenas nos agradan al principio. Eso no quiere decir que no tengan interés o utilidad. Si consigues que te guste lo que el profesor está explicando, porque eres capaz de encontrarle una faceta útil o interesante para tu vida, seguro que lo aprendes directamente en clase, sin necesidad de << empollártelo>> trabajosamente al llegar a casa. Tomarte las asignaturas a disgusto sólo te conducirá a sufrir estudiándolas y tener que dedicarles mucho más tiempo y esfuerzo del necesario.

·        El tacto: tener tacto es <<saber estar>> en clase. Es <<representar>> brillantemente el papel del alumno aplicado. Quien tiene tacto sabe estar bien sentado, preguntar correctamente y en el momento oportuno, y ganarse con dignidad simpatías del profesor y de sus compañeros de clase.

·         Si lo que quieres no es solo aprender, sino también tener éxito académico (es decir buenas notas), es fundamental que te crees una <<buena imagen>> y para eso es necesario hacer un poco del teatro.

 

martes, 21 de junio de 2022

LA CLASE ESTÁ PARA APROVECHARSE DE ELLA


La clase está para aprovecharse de ella


NADIE NACE SABIENDO

El homo sapiens sapiens es un animal tan extraño que, cuando nace, no tiene ni idea de que le conviene hacer y que le perjudica.

Si dejamos delante de un pollito recién nacido unos cuantos granos de maíz y unas piedrecillas, enseguida empezará a picotear el maíz y pasará olímpicamente de comerse las piedras.

A su lado ponemos a un niño pequeño. Y, delante de él, dejamos trocitos de comida y chinchetas de colores. El muy majadero se traga entusiasmado las chinchetas…

Metemos un huevo de araña en una caja de zapatos y esperamos a que madure. Cuando sale de él la arañita, ella sola, sin ayuda de nadie, sabe perfectamente tejer su tela para cazar moscas. No tiene ninguna necesidad de ir a aprender a la academia ganchillo o macramé. y, sin embargo, al hombre no le pasa igual (gracias a Dios). Dicen los antropólogos que somos unos animales que nacemos incompletos, sin un cuerpo específicamente desarrollado para desempeñar perfectamente una determinada misión, sin un instinto férreo que nos diga claramente qué nos conviene hacer en cada ocasión. Por eso, lo que no nos da el instinto lo tenemos que aprender por medio de la cultura.

Y ¿QUÉ ES LA CULTURA?

Simplemente el conjunto de respuestas----- teóricas y prácticas---- que nos transmitimos unos a otros, de generación en generación, para ayudar a los inexpertos <<cachorros humanos>> a sobrevivir y sacarle el máximo partido a la vida. Porque todos nacemos incompletos, y a lo largo de la vida---- si queremos ser cada vez más <<humanos>>---- debemos ir perfeccionándonos, progresivamente, en nuestros aspectos más fundamentales: corporal, intelectual, afectivo, artístico, social, etc. Los que más desarrollan sus <<talentos>> más posibilidades tienen en esta sociedad tan competitiva que nos ha tocado vivir, pues consiguen trabajos más creativos, sueldos más sustanciosos, mayor prestigio social e influjo político, etc.; en definitiva, le va normalmente mucho mejor que a los que (porque no han podido o porque no han querido) no han desarrollado correctamente su capacidad intelectual y los demás aspectos naturales.

Pues bien, como los niños no nacen con el bachillerato, necesitan que sus padres y la sociedad en general les ayuden a desarrollar su <<coco>>, para comprender mejorar las cosas, ya que (como afirma Aristóteles) <<el hombre es social por naturaleza>> y, por tanto, requiere del apoyo y ánimo de los demás para poder desarrollarse en todas las facetas que componen su personalidad e ir convirtiéndose así en un adulto <<hecho y derecho>>. Por eso, en cada país se han ido inventado a lo largo de la Historia distintos <<modelos educativos>> para que los que saben ayuden a los que necesitan saber.

En el nuestro hay un modelo educativo que ni es el único ni el mejor. La mecánica de aprendizaje que se estila en nuestros actuales centros actuales centros de enseñanza (colegios, institutos y universidades) es la siguiente: a unas señoras y señores (los <<profesores>>) les paga la sociedad (directamente o por medio del Ministerio de Educación y Ciencia, que administra los impuestos que pagamos todos) para que se enseñen a sus alumnos un montón de cosas. Ellos explican unos contenidos determinados (su <<asignatura>>), intentando que desarrollen unas actitudes intelectuales como <<pensar con coherencia>>, <<expresarse correctamente>>. <<distinguir lo esencial de lo secundario>>, <<relacionar unas ideas con otras>>, <<reflexionar y sacar consecuencias prácticas>>, etc., y, por último, evalúan el progreso de cada uno en su aprendizaje y asimilación de esos contenidos y actitudes, mediante exámenes (mayormente).

El sistema tiene sus ventajas (pues siempre se aprende mejor así, que cada cual por su cuenta en casa), pero también tiene sus inconvenientes, como la masificación en las aulas, los horarios asfixiantes, los programas obligatorios, la evaluación reducida exclusivamente a exámenes, etc. Sin embargo, de nada vale ponernos a <<sacarle pegas al sistema>>. Lo más sensato, en nuestro caso, es esforzarnos por sacarle jugo lo mejor posible, porque:

QUIEN SABE APROVECHAR LO QUE HAY, PODRÁ SACAR MUCHO.

QUIEN LO SOPORTA PASIVAMENTE, NO SACA NADA.

Aunque a veces parezca mentira, es el alumno el que paga, y paga para que le enseñen. Y el profesor el que cobra, y cobra por enseñar (no por saber mucho…). Por tanto, quien tendría que estar más interesado en aprender lo mejor posible, aprovechando el tiempo, el material y el propio esfuerzo a tope, es el alumno. Lo triste es que, en muchos casos, son los profesores quienes se dedican a luchar con todas sus energías para que los alumnos les hagan caso y aprendan un poco…

Mientras que, en las academias particulares (sobre todo en las más caras), el planteamiento está muy claro desde el principio, ya que, si alguien se matricula para aprender, por ejemplo, inglés kárate, y pasan los meses y ve que no progresa y allí está perdiendo el tiempo, lo deja y no gasta su dinero inútilmente, en los institutos y colegios suele pasar justo lo contrario. Los alumnos se sienten más satisfechos cuanto menos exige el profesor y más facilones son los exámenes, y se llenan de júbilo cuando se enteran de que se ha puesto enfermo y no va haber clase… Eso demuestra que a la mayoría no le interesa para nada la clase, y prefiere dedicar su tiempo a otras mil actividades (o a no hacer nada), antes que escuchar <<los rollos patateros del profe>>.

Ya que pagamos, tenemos el derecho de asistir a clase y sacarle todo el partido posible al profesor (que para eso le pagan). Y, ¿cómo se le puede sacar el jugo a sus explicaciones?

· Antes de la clase: preparándose para entender

· En clase: ejercitando los cinco sentidos.

COMO PREPARARSE PARA APROVECHAR LA CLASE A TOPE

Lo mismo que si uno va a recoger setas al bosque y no lleva canasto no podrá recoger muchas, porque no tendrá donde llevarlas, los alumnos que llegan a clase con las manos en los bolsillos, sin bolígrafo ni folios ni ganas de aprender…no pueden sacar casi nada de provecho, por muy brillantes que sean sus profesores. Quien no vaya mínimamente preparado, saldrá a clase igual que entró, y habrá perdido miserablemente su tiempo.

Lo normal es que los alumnos lleguen tarde a clase, no porque tengan otra cosa mejor que hacer, sino por perder un poco el tiempo remoloneando por el pasillo mientras el profesor llega, se sienta y dice eso de: << ¿Qué, ¿os vais sentando ya o tengo que ir a ayudaros…?>> Entonces entran hablando tranquilamente, mientras van ocupando sus asientos, poco a poco. Alguno descubre sorprendido que se ha dejado el libro en otra clase y se va a buscarlo… Y, de este modo, a lo tonto, a lo tonto, se pierden cinco o diez minutos por clase (por supuesto, para terminar la clase no tardan tanto en maniobrar…), que multiplicados por seis o siete clases diarias y por todos los días del curso… son muchas horas perdidas que se podían haber aprovechado muchísimo mejor.

Además, a ningún alumno le parece mal ir a clase sin habérsela preparado en absoluto. A nadie se le ocurre mirar la lección que toca para hoy, antes de que el profesor la explique. Ni siquiera mirar un poco, por encima, de que trató la última clase, para estar <<al loro>> de lo que se va a tratar en la que empieza… Siendo esto así, no es de extrañar que muchas veces salgan de clase sin haberse enterado de nada.

¡Qué distinto es el comportamiento de estos mismos alumnos cuando van a ver una película que estaban deseando que estrenaran!

Días antes, ven con interés las secuencias que ponen en la tele y los reportajes que hacen sobre cómo ha sido rodada, quien la protagoniza, cuáles son sus principales características, si tienen algún Oscar por su fotografía o su banda sonora, etc. Van-----por su puesto-----puntuales al cine y, mientras compran las entradas, echan un vistazo a la cartelera para hacerse una idea más precisa de qué se van a encontrar cuando entren en la sala. Y, por fin, entran decididos, antes de que empiece (para no perderse el principio), y corren por los pasillos para coger buen sitio. Ni muy cerca de la pantalla, ni muy lejos, y lo más centrado posible.

¿Por qué para ver una película nos tomamos tantas molestias y para ir a clase hacemos justo lo contrario?

Dicen los psicopedagogos que el rendimiento en cualquier actividad intelectual (por ejemplo, la que se desarrolla en clase) depende de tres factores: las características propias de la materia (asignatura y profesor), la capacidad del propio sujeto (alumno) y la actividad desarrollada por él.

Pues bien, la actividad de cualquier persona (profesor o alumno) depende en un alto porcentaje del grado de interés o motivación que tenga.

¿Por qué al cine o a un espectáculo deportivo vamos tan <<vivos>>, y a clase entramos arrastrando los pies? Porque nos interesa mucho más lo primero que lo segundo...

Sin embargo, cualquiera que se ponga a razonar tranquilamente reconoce que es mucho más importante para su propio desarrollo humano y felicidad personal la actividad intelectual que la meramente distractividad (lo mismo que los alimentos más nutritivos, a veces, no son los que mejor saben).

Si deseas aprovechar bien la enorme cantidad de horas que---- quieras o no-----vas a tener que estar en clase, es fundamental que aprendas a prepararte para sacarles todo su jugo.

Prepararte para entender, supone:

·        Al empezar el curso, leerte los índices de los libros, o los <<temarios>> de cada asignatura, para enterarte desde el principio qué pretende enseñar cada una.

·        Antes de ir a clase, repasar lo que se vio en la última clase de esa asignatura, para saber que tiene que ver con lo de hoy y que no te pille por sorpresa…

·        Llegar a clase puntual, para que, cuando llegue el profesor, se quede <<emocionado>> de ver que ya estás sentado en tu sitio, con el material adecuado, dispuesto a recoger toda la información que puedas y a participar activamente en la clase (como cualquier periodista avispado, que va siempre con el magnetofón listo y la cámara de fotos preparada, por lo que pudiera pasar).

De todos modos, no es suficiente con empezar bien las clases. Es fundamental que te emplees a fondo de ellas, poniendo <<los cinco sentidos>>.


¿QUÉ SON LAS TÉCNICAS DE ESTUDIO Y PARA QUÉ SIRVEN?


¿QUÉ SON LAS TÉCNICAS DE ESTUDIO Y PARA QUÉ SIRVEN?

Antes de decir qué son, es preferible dejar bien claro qué cosa no son.

Las técnicas de estudio NO son

· Un <<recetario>> para aprobar mecánicamente

· Un modo uniforme e impersonal de estudiar, que funciona sea cual sea la personalidad, talento, aptitudes y motivaciones del estudiante.

· Una <<utopía>> teórica muy bonita, pero imposible de poner en práctica de un modo <<realista>>.

Las técnicas de estudio Son

· Una <<herramienta>> útil para aprender y sacar mejores notas con menos esfuerzo.

· Un conjunto de normas orientadoras, al servicio del estudiante que las quiera emplear, adaptándolas a sus características personales concretas (como un plano, para ir, sin perderse, por una ciudad desconocida).

· Unas estrategias realizables en la práctica habitual: a más esfuerzo inicial, menos esfuerzo después; a más pereza inicial, más fracaso y decepción después…

UN ESTUDIANTE ES COMO UN ATLETA

No es como un trabajador porque el resultado de sus esfuerzos no tiene valor mercantil, ni se compra, ni se vende. El que realmente <<se enriquece>> estudiando es el propio estudiante (no es lógico que, encima, se le dé un sueldo por su esfuerzo…).

Tampoco el estudiante es una especie de esclavo que obedece servilmente a sus padres (que están <<invirtiendo>> en él, para exigirles se devolución el día de mañana…) o a sus profesores. Pues, en realidad, orden y eficacia... son los alumnos, que para eso pagan (o la sociedad lo hace por ellos).

El estudiante debe compararse al atleta, pues, como él, lo primero que necesita para esforzarse por mejorar día tras día es la ilusión por conseguir una meta concreta.

Si no tiene claro qué es lo que es lo que pretende conseguir, es muy difícil que tenga la energía suficiente para luchar de verdad por conseguirlo. El atleta sólo se esfuerza realmente cuando tiene una meta muy clara que alcanzar, un récord que batir, un campeonato que ganar. Cuando no es así, cuando el objetivo es lejano y nebuloso, simplemente se <<entrena>>, pero no da de sí todo lo que lleva dentro…

En segundo lugar, nadie llega a ser un verdadero atleta si no tiene confianza en sí mismo. Y, para confiar en uno mismo, es necesario lograr, aunque sólo sea de vez en cuando, algún pequeño triunfo. Nadie llega a las Olimpiadas sin tener más o menos llena su vitrina de trofeos. Primero uno gana en su colegio, luego en el barrio donde vive; esto le anima presentarse a nivel provincial y después nacional, etc. Pero, quien recibe críticas, reproches y <<calabazas>>, evaluación tras evaluación, pierde confianza en sí mismo y deja de esforzarse. El padre <<bienintencionado>> que todos los días le recuerda dos o tres veces a su hijo lo burro que es… está criando en su casa un burro ...

En tercer lugar, todo atleta necesita un buen entrenador. Sin él, está perdido. Por mucho que se esfuerce, nadie sabe sabiendo, nadie es capaz de ver sus propios errores, ningún médico, por bueno que sea, sabe curarse a sí mismo.

El entrenador no tiene por qué ser un buen atleta (aunque probablemente cuando era más joven sí lo era). El entrenador de un estudiante puede ser perfectamente su padre, su profesor o, simplemente un buen amigo, pues si misión no es competir, ni prestarle sus músculos al que está entrenando, sino enseñarle a sacar de sí mismo todas sus posibilidades, y para eso ha de hacer dos cosas: exigirle y animarle:

· Exigirle gradualmente, para que no se apoltrone en los laureles, para que siga progresando, mejorando, sacando de sí hasta la última gota de jugo.

· Animarle en los momentos de depresión. Cuando la meta parece inalcanzable, cuando todo se vuelve contra uno y los esfuerzos quedan sin recompensa…, entonces es necesario alguien que te eche una mano, que te ayude a levantarte (no que venga a restregarte en la cara lo buen estudiante que era él cuando era joven y lo avergonzado que se siente de su propio hijo, o discípulo).

Por último, así como cualquier atleta necesita saber y practicar su deporte con una determinada técnica, el estudiante que desea obtener el máximo rendimiento con un mínimo esfuerzo ha de emplear unas adecuadas técnicas de estudio. Técnicas universales que deberá conocer, entender y practicar con frecuencia, hasta ir poco a poco haciéndolas suyas.

Todos hacemos las cosas de un modo u otro, pero, así como no todos los caminos llegan a Roma (al menos en el mismo tiempo y con el mismo esfuerzo por parte del caminante), no todos los modos de hacer las cosas son igual de buenos.

En todo deporte existe un modo que es el <<mejor>> de todos; es decir, el que produce mejores resultados, es más preciso y cansa menos. Asimismo, también existen unas determinadas estrategias para sacarle el jugo a la clase, para tomar bien los apuntes o para preparar correctamente un examen. En eso consisten las técnicas de estudio, en lograr hacer las cosas del modo más <<rentable>> posible. Las técnicas de estudio son para vagos, porque están pensadas para aquellos que siempre queremos sacar la máxima rentabilidad del mínimo esfuerzo. Por eso: ¡las técnicas de estudio son lo tuyo!

EN RESUMEN

El fracaso escolar

· El fracaso escolar se puede dar en cualquier nivel por dos causas: la falta de motivación y los malos hábitos de estudio.

· Muchos estudiantes están <<desmotivados>>. A largo plazo, por el lúgubre futuro que se les avecina: el paro, la escasa valoración social de los <<intelectuales>> y la creciente prisa por vivir su vida a tope. Y, a corto plazo, por la desmotivación de muchos de sus profesores y las deficiencias del actual sistema de enseñanza

Qué son las técnicas de estudio

· No son: un recetario par aprobar sin estudiar, ni una uniformidad en el estudio, ni una utopía irrealizable.

· Son: una herramienta útil para aprender más con menos esfuerzo; un conjunto de normas orientadoras y adaptables a la situación personal de cada uno y fáciles de poner en práctica, con un poco de esfuerzo inicial.

Estudiante = Atleta

· El estudiante no es ni un trabajador, ni un esclavo del profesor. Es como un atleta.

· Como él, necesita: una meta concreta y a su alcance para seguir esforzándose con ilusión, día a día, y lograr pequeños éxitos que le den confianza en sí mismo; un buen entrenador que sepa animarle y exigirle gradualmente, y un buen <<método de entrenamiento>> (técnicas de estudio).

· No todos los caminos que llegan a Roma son igual de buenos. Las técnicas de estudio son el modo más <<rentable>> de aprender con realismo y sacar mejores notas con el mínimo esfuerzo.

FRENTE AL FRACASO ESCOLAR: TÉCNICAS DE ESTUDIO

 

¿POR QUÉ SIGUE AUMENTANDO EL FRACASO ESCOLAR?

Cuando un estudiante <<cuelga>> sus libros a medio curso o se inventa una excusa para dejar los estudios <<por ahora>>, con la idea más o menos vaga de que <<quizá un día vuelva a matricularse para ver si los termina…>>, estamos ante un caso típico de <<fracasado escolar>>.

El fracaso escolar se puede dar en cualquier nivel: en la Educación Primaria, en la Enseñanza Secundaria o en la Universidad (aunque a los universitarios no les gusta que les llamen <<escolares>> …). Pese a que hasta una determinada edad todos los jóvenes deben estar escolarizados, eso no significa que no haya hecho cada vez más que, en clase o fuera de ella, <<pasan>> absolutamente de todo lo que tenga relación con el estudio, pues sus miras las han puesto definitivamente en otro mundo y, por tanto, simplemente esperan el momento de irse al colegio, con certificado o sin él.

¿POR QUÉ EN UNA SOCIEDAD TAN << AVANZADA>> ¿COMO LA NUESTRA EL FRACASO ESCOLAR VA EN AUMENTO Y NO EN PROGRESIVA RETIRADA, COMO DEBERÍA SER?

Prácticamente todos los educadores coincidimos en destacar dos causas del fracaso escolar, muy por encima de todas las demás: la falta de motivación y la <<adicción>> a malos hábitos de estudio.

En cuanto a la tremenda falta de motivación que tienen nuestros jóvenes en edad escolar, puede deberse a distintos factores:

1) A largo plazo. El lúgubre futuro que todo estudiante (no demasiado brillante) adivina en el horizonte: el paro miserable.

Cualquiera que, a base de oírlo miles de veces, llega la conclusión de que nada vale esforzarse por aprender y por sacar buenas notas, ya que, al final, tengas los estudios que tengas, vas a caer irremisiblemente en el paro, es presa de la desilusión, el desánimo y, lógicamente, la falta de motivación por el estudio.

Si a esto se añade la escasa valoración social de que gozan los <<intelectuales>> (gente que se pasa la vida estudiando y privándose de casi todo, consiguen el Certificado Escolar, aprueban la Enseñanza Media, el Bachillerato y la Selectividad, cursan, año tras año, una larga carrera, hacen los cursos de Doctorado o alguna otra << especialidad>> de dos o tres años más, aprueban una oposición de profesor, y ya, por fin---- con casi treinta años-----, cobran un sueldo de lo más normalito, mientras que un <<espabilao>> que monta un chiringuito en la playa se saca más del doble vendiendo refrescos y patatas fritas…), lógicamente, motivar a nuestros jóvenes diciéndoles que cuanto más estudien ahora, mejor <<estatus social >> tendrán después… es, simplemente, hacer el ridículo. Todo el mundo sabe que nadie se hace rico estudiando.

A estos dos motivos se añade la creciente <<prisa por vivir>> que se detecta cada vez más en nuestros jóvenes, e incluso en niños, que a sus doce o trece años ya quieren vivir como ven en las películas a los héroes de su edad: con coche o moto propia para pasear, pareja para achuchar, dinero fresco para gasta, <<litrona>> de cerveza y paquete de tabaco para ponerse a tono, y si <<los viejos>> tienen pasta, quizá hasta un apartamento propio para vivir con libertad…

Para una chica o un chico que quiera empezar a vivir ya como un adulto, todo lo que sea estudiar es un obstáculo absurdo que hay que esquivar como sea.

2) Además de estas causas, existen otras que desmotivan a nuestros estudiantes también a corto plazo:

-----Primero, los profesores desilusionados, sin ideales de ningún tipo, que prefieren dedicar su tiempo a criticar al Sistema en vez de aprovechar lo que hay de aprovechable en él. Cansados de repetir una y otra vez lo mismo, de luchar año tras año con los alumnos que sólo vienen a clase a incordinar, reírse y pasar el tiempo, avergonzados ante otros profesionales que, con los mismos estudios profesionales que ellos (y muchas veces con menos), sin embargo, gozan de un estatus económico y social infinitamente superior (un profesor de química, si trabajara para un laboratorio haciendo cremas para el cutis, cobraría dos o tres veces más. Un arquitecto que da clases de dibujo, si tuviera su estudio de arquitectura, cinco o veces más. Y un buen músico, si en vez de matarse intentando domesticar las <<orejas>>---- que no <<oídos>>--- de sus alumnos, tocara un instrumento en una orquesta o compusiera su propia música… multiplicaría su sueldo por diez).

----Además, el sistema de enseñanza tiene---- con reforma o sin ella---- demasiadas pegas para dar una educación de calidad: pocos profesores para tantos alumnos, masificación en las aulas, escasez de personal docente, profesores obligados a impartir asignaturas <<afines>> para las que no están preparados, obligatoriedad de <<atender>> (con todos sus derechos) a alumnos que ni atienden ni respetan los derechos de nadie, etc.

La segunda causa del fracaso escolar creciente se debe a los malos hábitos de estudio arraigados en los escolares, desde su más tierna infancia, unas veces porque se insiste demasiado en que <<estudien>> y demasiado poco en enseñarles <<cómo se estudia>> (los padres le pasan la pelota a los profesores y éstos piensan que tienen demasiada historia, matemáticas o literatura que enseñar, como para <<perder el tiempo>> dedicando sus clases a explicar técnicas de estudio), otras veces por el propio despiste de muchos profesores que ni ellos mismos saben estudiar sacándole al máximo jugo al esfuerzo (nadie da lo que no tiene…), y, en muchas ocasiones, porque padres y profesores tenemos demasiado miedo a <<manipular>> a los estudiantes insistiéndoles en la importancia de hacer las cosas de un determinado modo, y preferimos dejarles hacer lo que se les antojes, para evitar que, si les va mal, los responsables de su fracaso seamos nosotros.

FRENTE AL FRACASO ESCOLAR: TÉCNICAS DE ESTUDIO

INTRODUCCION 

¡Hola!, ¿qué tal?

Antes de que te sumerjas en la lectura que tienes entre manos es mejor que te enteres de cómo y para qué la he escrito.

Soy profesor de Filosofía desde hace unos cuantos años. Pero, hace otros cuantos años más, fui << estudiante>> (al menos, eso decía yo), aunque la verdad es que no tenía ni idea de qué cosa era eso de estudiar, y así me iba: suspendiendo una media de tres o cuatro asignaturas por evaluación, siempre con alguna recuperación pendiente, repitiendo curso de vez en cuando, veraneando año tras año con el libro debajo del brazo…

Cuando uno es pequeñito todo le parece un juego, incluso lo que hace en el cole, pero, cuando termina sus estudios primarios y pasa a cursar Enseñanza Secundaria, se va dando cuenta de que algunos de sus compañeros de clase se aprenden las cosas con mucha más facilidad que otros. Lógicamente, sacan mejores notas, tienen más tiempo libre para divertirse, se sienten más orgullosos de sí mismos (sobre todo cuando oyen a sus padres contándole a la vecina, con pelos y señas, las <<insuperables>> calificaciones que acaban de sacar…) y, encima, reciben la bici de regalo, como premio por su <<esfuerzo agotador>>.

Sin embargo, a otros (aunque se sientan en clase dos metros más allá, no tienen un pelo de tontos y meten más horas <<empollando>> que Indiana Jones buscando el Arca perdida) no parece que les acompañe la suerte, porque se aburren inmensamente delante del libro, se distraen con el vuelo de media mosca, en clase no se enteran de nada (pese a que chillan continuamente eso de: << ¿puede repetir, que desde aquí no se oye?>>) y, como es lógico y natural, suspenden con admirable constancia (y, por supuesto, se quedan sin bici…).

La cosa es que cuando uno ve que, por más que se esfuerza en clase, se aburre miserablemente estudiando en casa, se desespera cada vez que ve las notas que ha sacado y hace heroicos propósitos de la enmieda, con lágrimas en los ojos… la cosecha de calabazas continúa siendo excelente, llega, tarde o temprano, a una de estas dos <<sabias>> conclusiones:

a) Es que soy tonto (como dice mi madre cada vez que le enseño las notas y me compara con el vecino del segundo--- que es <<listo>>---). Lo mejor es resignarme y dejar eso del estudio para los que valen.

b) Estudiar no es lo mío. Eso es de empollones que no valen para ligar o meter goles. Los que sacan buenas notas no son más que unos pobres infelices. Todo el día delante del libro como ratas de biblioteca, amargados y sin salir de casa ... En cambio, yo <<passo>> de todo menos de curso y no apruebo ni una, pero ¡que bien lo paso riéndome en clase con los amiguetes, engañando a mis padres y copiando en los exámenes …! Lo mío no es el estudio, ¡lo mío es la vida!

Yo también fui uno de esos alumnos a los que tanto sus padres como sus profesores atormentan a todas horas con eso de: << ¡Estudia, que te van a suspender!>>

Y, después del suspenso: << ¿Ves cómo te han suspendido por estudiar poco?>>. Como si lo importante para aprender fuera únicamente el número de horas que se esté en clase o delante del libro.

Cuando estaba tentado de abandonar de una vez los estudios, tuve una gran suerte. En cierta ocasión, hablando de como estudiaba (o, para ser más exactos, de como perdía miserablemente el tiempo haciendo como que estudiaba …), alguien me dijo: <<Lo importante no es estudiar muchas horas, sino aprovecharlas bien>>, y esto me pareció tan maravillosamente utópico, que no le hice ni caso.

Sin embargo, después, gracias a su ayuda continuada, fui poniendo en práctica esa bonita frase que resume perfectamente toda una serie de técnicas y normas utilísimas para estudiar de un modo racional. Estrategias descubiertas y publicadas en el mundo entero, a lo largo de los años, en multitud de tratados sobre <<la Pedagogía del aprendizaje>>, <<el fracaso escolar>>, <<las motivaciones y el esfuerzo intelectual>>, etc., que popularmente se llaman técnicas de estudio.

Pues bien, cuando---- frente a todo pronóstico del profesorado que tuvo que soportarme… llegué yo también a ser profesor, me dediqué con especial interés a ayudar a los alumnos que, como yo en mis viejos tiempos, no tienen ni idea de como organizarse para aprender más y sacar mejores notas con menos esfuerzo (que de eso es de lo que se trata).

Me daba------- y me sigue dando-----una enorme pena ver cómo muchos abandonan sus estudios no por no tener capacidad, sino simplemente por falta de motivación. Y pierden la motivación, precisamente, por no tener un buen método de estudio.

Al principio comencé dando cursillos intensivos de técnicas de estudio a los alumnos de mi instituto que querían mejorar su rendimiento académico y no sabían cómo. Pero, como ésos son precisamente los que no saben estudiar (ni tomar apuntes, entresacar lo esencial, etc), tampoco eran capaces de aprender como se debe aprender… Vamos, que se les olvidaba todo antes de ponerlo en práctica.

Aunque no te lo creas, esto que tienes entre manos no es un <<libro de texto>>, sino una especie de herramientas que te puede resultar muy útil para tres cosas:

1) Enterarte bien de qué es eso de las técnicas de estudio: cuáles son las más adecuadas para cada caso, qué ventas e inconvenientes tiene el hacer las cosas de una manera o de otra, etc.

2) Conocerte mejor a ti mismo, detectando qué hábitos tienes en todo lo referente al estudio y al rendimiento académico. Así sabrás, por fin, por qué las cosas no te salen como te deberían salir.

3) Poner en marcha un PCA (Plan Concreto de Ataque), para afianzar los hábitos útiles que ya tienes y corregir <<con realismo>> los que te perjudican.

Pero, ¡ojo al dato!: esto que tienes entre manos ni es un <<recetario milagroso>> para aprobar sin esfuerzo, ni un <<compendio teórico>> para que los profesores estudien la pedagogía del aprendizaje (para pedagogos, psicólogos y otros técnicos eruditos en la materia existen decenas de librotes enormes y sesudos que lo dicen todo y, además, mucho más <<académicamente>>.

Esta <<herramienta>> la he escrito para ti, que sacas cuatro o cinco suspensos (de media) y estás a punto de tirar la toalla. Para ti, que sacas de dos o tres y pasas de curso siempre por los pelos, y que te gustaría ir menos asfixiado. Y también para ti, que las apruebas todas, pero en el fondo sabes que podrías sacar notables o sobresalientes, en vez de simples aprobadillos...

Por eso, para que lo leas con gusto y, además. Lo pongas en práctica y todo, este libro es breve. Porque si fuera largo y tostonero, no te atreverías ni a abrirlo (y partimos del hecho de que leer <<tomos>> no es lo que más te divierte en la vida …). Es también claro, sintético y directo al grano. Porque al principio te conviene tener pocas ideas, pero muy claras. Sólo así podrás entenderlas, hacerlas tuyas y ponerlas en práctica <<desde ya>>. Y, por último, es ameno, entretenido, lleno de anécdotas y ejemplos divertidos. Para arrancarte, de vez en cuando, una sonrisa, a ti que, con sólo pensar en el estudio, ya se te pone la cara larga y ojerosa… Porque <<científico>> no es sinónimo de <<plomazo>>, y ya sabes que: <<lo bueno, si breve, dos veces bueno>> y <<si, además, es divertido, venticatorce veces bueno>>.

¡Ánimo, que tú puedes! ¡Léelo, ponlo en práctica y no te dejes nunca vencer por el abatimiento!